Hoy a nivel mundial, las empresas y demas organizaciones estan experimentando con mayor intensidad la vorágine de los cambios en la gente, la tecnología, procesos, conocimiento y expectativas de clientes. Esta condicion inexcusable es probable que genere estrés por las exigencias en las competencias requeridas para responder a tantos estímulos externo e internos que presionan la homeostasis organizacional.

Para responder a los cambios, las organizaciones ya no tienen secreto en sus sistemas de gestión y producción, sino que ahora necesitan diferenciarse en la selección, desarrollo y retención del talento humano, porque es quien, garantiza el éxito de las empresas en sus propósitos de viabilidad y sustentabilidad.

En el caso Venezuela, los estímulos aversivos de carácter político, económico, legislativos y tributarios, han convertido la emigración del talento en la primera causa de la rotación del personal, sobre todo por la imposibilidad de indexar los sueldos a la inflación debido a la baja productividad (PIB) y desordenes fiscales y monetarios de un gobierno que maneja el discurso de víctima o de irresponsabilidad como mecanismo de control social.

Frente a una crisis tan estresante y transitoria, en el caso Venezuela, los individuo, grupos y organizaciones que han decidido permanecer en el país, estan recurriendo como estrategia, estimular y desarrollar el potencial resiliente para amainar la actitud de víctima, propia de las culturas populistas o rentistas. Si el talento humano se hace resiliente, las empresas tendrán mayor posibilidad de permanecer en el mercado nacional e internacional.

Es perentorio que cada empleado prepare su maleta resiliente de tipo personal y organizacional con nueva informacion, emociones impulsoras y conductas orientadas a obtener resultados satisfactorios u orientados a la excelencia.